España reina ante el arbitraje de Vinčić y la furia argentina

España se ha coronado campeona del mundo tras firmar una auténtica obra de arte futbolística. El marcador final de 1-0 no hace justicia al baño táctico, la personalidad y el despliegue de fútbol total que La Roja plantó sobre el césped para derrocar al campeón de América. Hubo que masticar barro por culpa de un arbitraje negligente de Slavko Vinčić y la desmedida agresividad argentina, pero la Selección Española opuso fútbol champagne, coraje y un señorío encomiable para bordarse la estrella en el pecho.
Una exhibición de fútbol total: El baño táctico de La Roja

Desde el pitido inicial, España mandó un mensaje contundente al mundo: quería la copa a través del juego. Luis de la Fuente le ganó la partida por completo a la pizarra de Scaloni. La Roja desactivó por completo la circulación argentina con una presión tras pérdida asfixiante, comandada por un Rodri Hernández colosal que gobernó el centro del campo a su antojo, bien escoltado por la zancada de Fabián Ruiz y la clarividencia de un Pedri indetectable entre líneas.
Por las bandas, España fue un auténtico torbellino. Lamine Yamal volvió locos a sus marcadores con diagonales endiabladas, mientras que Nico Williams Jr desbordó con una velocidad eléctrica que rompió el bloque defensivo rival una y otra vez. El gol del campeonato llegó tras una combinación coral sublime, un monumento al fútbol asociativo que desató la locura en las gradas.
Defensivamente, el partido de España fue de una concentración impoluta. Aymeric Laporte actuó como un mariscal infranqueable por arriba, cortando cada centro desesperado, mientras que el joven Pau Cubarsí secó a Lautaro Martínez con la suficiencia de un veterano. En los laterales, la entrega de Marc Cucurella y la profundidad de Pedro Porro terminaron por blindar una actuación perfecta que encumbra a esta generación.
El vacío legal que privó a Nico Williams de un gol de bandera

La exhibición pudo haberse reflejado mucho antes en el marcador. En la primera mitad, España trenzó una jugada antológica que terminó con Nico Williams mandando el balón al fondo de las mallas tras romper a la zaga albiceleste. Sin embargo, el colegiado esloveno Slavko Vinčić cometió un error garrafal de apreciación: hizo sonar su silbato centésimas de segundo antes de que el esférico cruzara la línea de meta.
Al haber detenido el juego antes de que finalizara la trayectoria del balón, el VAR quedó totalmente atado de pies y manos por protocolo y no pudo entrar a validar un gol que era 100% legal. Una flagrante injusticia técnica que obligó a España a seguir remando contracorriente.
El milímetro congeló la sentencia de Ferran Torres

Ya en el tramo final, con el partido 1-0 y Argentina volcada con más corazón que fútbol, España dio una lección de cómo transitar a la contra. En una transición perfecta conducida por la medular, Ferran Torres rompió al espacio y batió con una clase tremenda al ‘Dibu’ Martínez en lo que era el 2-0 definitivo.
La celebración, sin embargo, quedó suspendida en el aire. La tecnología del fuera de juego semiautomático entró en acción para trazar las líneas y desvelar que el hombro del ‘Tiburón’ estaba ligeramente adelantado. Vinčić tuvo que dar marcha atrás a la anotación de manera reglamentaria, estirando la intriga hasta el último suspiro.
La impunidad: Un torneo de reglamento paralelo

Lo que aconteció con la disciplina del partido fue una auténtica mancha para el arbitraje internacional. Argentina recurrió al juego brusco ante la impotencia de verse totalmente superada por el fútbol español, personificado en un Leandro Paredes que debió irse a la caseta por acumulación de méritos mucho antes del final:
- Minuto 6: Tardó apenas trescientos sesenta segundos en ganarse la tarjeta amarilla por propinar un empujón totalmente antideportivo en una tangana tempranera.
- Acoso constante: Al filo de terminar el tiempo reglamentario, propinó una dura patada a Ferran Torres en la frontal del área que le debió costar la segunda amonestación, pero Vinčić empezó a mirar hacia otro lado.
- El ‘efecto pánico’ en la prórroga: El momento cumbre de la injusticia llegó en el tiempo extra. Slavko Vinčić acababa de expulsar de manera justa a Enzo Fernández por doble tarjeta amarilla. A partir de ahí, al árbitro le temblaron las piernas. Justo después, Paredes le hizo la cama de manera deliberada y peligrosa a Mikel Merino en un salto. Era una segunda amarilla de manual, pero el colegiado esloveno decidió tener una clemencia cobarde con Paredes para no dejar a Argentina con nueve futbolistas sobre el césped.
- El colmo de la violencia: Sabiéndose impune por el miedo del árbitro, Paredes firmó el colmo de su obra en una tangana posterior con Eric García y Gavi. El mediocentro empujó y derribó al central catalán, lo volvió a agarrar del cuello tras levantarse y terminó zarandeando al mediocampista andaluz sobre el césped. Una actitud agresiva y violenta que debió ser roja directa y que supuso un fatal ejemplo para el deporte.
Furia e impotencia argentina tras el pitido final

Cuando Vinčić decretó el final del encuentro y España se sabía campeona del mundo por segunda vez en su historia, la frustración argentina estalló de la peor manera posible. En lugar de asumir la derrota con la grandeza que corresponde a un campeón saliente, varios futbolistas de la Albiceleste corrieron en masa a buscar el enfrentamiento físico con el banquillo español.
Se formó una descomunal tangana donde el juez de línea tuvo que interponerse físicamente en el medio como un escudo humano, dado que el único objetivo de la expedición argentina en ese momento de calentón era repartir golpes. Una imagen lamentable que no se corresponde con el escenario de una final mundialista.
El señorío de España: Campeones con letras mayúsculas

Ante el caos, las patadas y las provocaciones constantes, predominó el señorío y el saber estar de la Selección Española. Los pupilos de Luis de la Fuente dieron una lección magistral de nobleza en el éxito más absoluto. No cayeron en las trampas psicológicas, mantuvieron la compostura frente a las agresiones y celebraron con el respeto que caracteriza a los campeones legendarios.
España reina en el planeta fútbol por su juego coral, por su valentía ante las injusticias del silbato, pero, por encima de todo, por su indiscutible clase humana dentro y fuera del terreno de juego. ¡La segunda estrella ya brilla en el escudo!
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